19.1.11

NIBINITRI

Entonces, aparentemente esto de tener a nuestro propio cuatriciclo en la cabaña estaría siendo de lo más copante o algo así.

Sencillo. Apretar la palanquita X, luego el pedal Y, acelerar con la otra mano, contar mentalmente en qué cambio estás.
Sentir la adrenalina, el poder de la velocidad en la ribera del río, pensar que Una es de esas intrépidas deportistas arriesgadas con el cabello al viento ávidas de aventuras.

Otra variante es aferrarse al chico de Una. A su cuerpo firme de escritor de novelas. Rogar para que cuando deje pasar a un grupo de muchachas de veintipocos no trastabille en la coordinación y se le pare... el cuatri.

Re copante, sepanlón.

Yo he logrado cabeshos terrosos, patas embarradas y un incrustamiento en la tranquera que ni te digo.

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